Arroz Amargo

Después de ver como las nubes recorren caminos inciertos y como aceleran para huir del sol. Me puse a grabar este episodio para despedirlas. Por momentos el aire afuera de mi ventana sonaba como el mar. Quise encontrarlo pero era tan solo el murmullo de la tarde vuelta noche.

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Muchachas

Desde mi infancia vengo mirándolas, oliéndolas,
gustándolas, palpándolas, oyéndolas llorar,
reír, dormir, vivir;
fealdad y belleza devorándose, azote
del planeta, una ráfaga
de arcángel y de hiena
que nos alumbra y enamora,
y nos trastorna al mediodía, al golpe
de un íntimo y riente chorro ardiente.

Gonzalo Rojas

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Desaparecer

Health as literature, as writing, consists in inventing a people that is missing. It is the task of the fabulating function to invent a people. We do not write with memories, unless it is to make them the origin and collective destination of a people to come still ensconced in its betrayals and repudiations.

Gilles Deleuze

Mientras en todas las cosas buscamos mantenernos, crear memoria para no morir, estamos perdiéndonos. Tratando de hacernos durables nuestros pasos, de manifestar la presencia como elemento indispensable, nos desdibujamos. Nuestro rostro carece de rasgos, la huella de nuestra sombra es un murmullo muy liviano que flota en los rumores y se ahoga en la última copa. El otro de nuestro nombre, el que apunta un diario, nos acaba con su selectividad, con su manía de olvidar, de no contarnos. El ladrón de pieles se acuesta con nosotros, se alimenta de nuestros encuentros, de los deseos, del pequeño engaño. Nos arrebate la vida que esperamos, la fallida. Tal vez el silencio pueda salvarnos, no pensar en los días de sol.
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Tune of the day: Nacho Vegas

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Al final siempre se obtiene un triunfo

Es de todos conocido que el fútbol y el cine tiene una relación más dañina que otra cosa. Claro, existen películas de calidad y divertidas; pero no es hasta que se ve Offside que se puede entender como es que la relación se concreta en un cuerpo consiente y lógico.

El film de Panahi puede leerse desde  ángulos muy radicales, que fiel a una lógica  del trabajo del director, se debaten en una dualidad siniestra pero es mejor verla como producto fílmico antes que como acción de protesta o de crítica. Es más un juego entre abrumadora crudeza política y una inocencia romántica que un tratado social. Uno de los puntos centrales que llevan hacen que Offside sea sobresaliente es la manera en que el director logra trazar con extremo cuidado la emoción de los fanáticos. Sin recurrir al dramatismo de la acumulación recuerdos de crudeza alcohólica (Fever Pitch, Football Machine), a la lógica del héroe derrotado y su salida del infierno (Gol, Atlético San Pancho) o la melancolía del antihéroe (Green street Holligans, Como no te voy a querer), Panahi dota las escenas con detalles minúsculos que permiten comprender ese elemento exiguo en el que se consuma el amor por el juego. Es en lo contenido del lenguaje, en el ejercicio de entender la relación critica de los personajes que lleva al espectador a la mirada de las niñas, a la palabra “gol” y su potencia.

El otro gran logro es la factura precisa, el uso adecuado de los elementos. Sin llevar el film a una dimensión de protesta, a un caduco discurso de género o de derechos humanos, logra producir un artefacto que exige una respuesta en el espectador. Utilizando el efecto contrario de lo que fútbol en Irán puede representar (Panahi mismo declaró que en Irán las prohibiciones en el estadio son el símbolo de las represiones mayores que ocurren a diario, sin embargo, en su film logra mostrar el otro lado, la posibilidades que el deseo por un simple deporte pueden traer un valle de esperanza.) logra crear metaforas de la vida en las ciudades y en los campos, una secuencia se vuelve en sus manos una alegoría de las condiciones mas humanas.

Al final la intención política es inevitable, pero es muy agradable ver como Panahi abandona lo panfletario por la reflexión íntima; no sólo consigue tocar la fibras de un aficionado sino que lo vuelve un discurso conflictivo que muestra más de lo que se quisiera con un simpleza que por momentos tarde en tener lógica pero que al final, como las niñas, encuentra la manera de entrar.

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Tune of the day:Num 9

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Monday is for kicks: Lejos de casa

Portada Cortesía de Record

Cada deporte tiene sus rituales para sobrellevar el elemento más constante de naturaleza: la derrota. En un torneo donde sólo puede haber un triunfador ser el perdedor es más normal que ser quien levante la copa. Sin embargo hay días en los que se regresa a lo más básico del juego, a lo esencial: vencer al otro.

Esta temporada los Pumas no han dado una; empezaron lentos e inseguros, luego llegó la crisis y muy tarde algunos alientos de vida. El domingo antepasado perdieron cualquier posibilidad de refrendar el titulo pero con una insistencia y obstinación por lo menos inocente la afición demostró su fidelidad apoyando sin quejas, llenos de esperanza. En mi caso soportando conexiones malas, transmisiones cortadas, pantallas pequeñas, desvelos.

Sin posibilidades o aspiraciones se presentaron a jugar contra el rival más odiado, el América. Parecía un partido difícil donde lo más optimistas esperaban un duro empata. No obstante los jugadores pusieron el orgullo por delante y salieron a dar el mejor partido de la temporada, un primer tiempo como los del campeonato, lleno de corazón y empuje. Una ímpetu desbordado que en mi pequeño monitor lució increíble.

Al ganarle al América, con el plus del gol de último minuto, la temporada tiene otro color. El fracaso no se olvida pero el pecho puede levantarse, se puede señalar al otro y decirle: ganamos. Sonreír con tristeza. Personalmente los partidos contra los crema son a muerte, se olvida la temporada, la historia, los jugadores. Es el juego que importa, es esa válvula de escape para la desgracia.

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En mi sillón, al otro lado de atlántico, cada gol de los Pumas se siente con la hermosura de un poema pero con una gran nostalgia de no estar casa. El otro día cuando fui a ver al LOSC, me sentí en un domicilio nuevo, esperanzador, pero un espacio que aún no merezco. Aún no soy parte del mobiliario.

Cuando la toma recorre la grada, ahí cuando celebra Verón y se señala el número, y apunta al tunel 36, debajo del palomar; veo mi verdadera casa (la octava fila de la tercera segunda sección del palomar a la altura de yarda 50). Se ve La Plus y entiendo que no estoy.

No extrañado mi cuarto, ni mi patio, ni siquiera mi cocina, pero saber que al partido que desde hace diecinueve años no faltaba en CU me hace habitar la incertidumbre. Ahí entre la multitud esta mi hogar, mi casa sin mí.

sigh…. Soy de Pumas desde que estaba en la cuna, / y de Pumas voy a ser hasta el cajón. / Eres lo que yo mas quiero en esta vida,/ te llevo dentro de mi corazón.

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Tune of the day: I’m a Good Woman: A Sofa Session by Never Neutral (Que por cierto está muy lindo)

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Arroz Amargo

A veces uno tiene en la cabeza sonidos que lo atrapan que lo enganchan a una búsqueda siniestra. Con los oídos repletos de una perfección estridente Arroz Amargo llega con una modulación difusa, con una arbitrariedad extraña en recorrido a un miedo diminuto. Escúchenlo en:

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Casa de campo

http://chestofbooks.com/gardening-horticulture/Commercial-Gardening-2/images/RETARDED-LILY-OF-THE-VALLEY-Showing-different-stages-of-grow.jpg

Desde hace cerca de seis años he mantenido diversos blogs en los que he pasado de alucinaciones esquizofrénicas a divagaciones personales; de siniestros pensamientos musicales, reseñas atípicas de películas y recomendaciones poéticas a millones de incoherencias que en mi vida son relevantes como el fútbol o las avenidas. Pero sobre todo han sido lugares de residencia textual, de palabras.

Sin embargo desde hace un tiempo he abonado la cotidianidad de escribir, mi paso por mis blogs se ha vuelto efímero, excepto en mi diario que mantiene una vida, ahora virtual desde los quince años y siempre ha sido renuente a extinguirse. Este espacio se ha vuelto un lugar para vacacionar en vez de ser una habitación en la cual platicar con los escasos pero constantes lectores. Para dar un salida mínima a esas ideas que requieren un poco de espacio, un poco de reflexión.

No obstante el sentimiento de ausencia y de ruina que me provoca estar lejos del teclado, siento que no soy el único que ha abandonado sus bitácoras por un trazo menos cuidadoso. Muchos de mis amigos han renunciado o disminuido sustancialmente su escritura, han olvidado ser de otra manera que acciones. Han desparecido de un vehículo de dialogo cierto y se han mudado al vértigo de mediarse de inmediato, han encontrado mayores sonrisas en transcribir guiños o parafernalias personales que la banalidad de la botella al mar.

Siendo un claro ejemplo del fanatismo de la presencia encuentro esto devastador. En mis manos reside un odio contra la textualidad difusa que produce estar todo el tiempo, contra el exhibicionismo sentimental que arrastra ser uno más, querer formar parte “del millón de amigos que nunca tendré.” Pero ahí, existe también una belleza adictiva, maligna tal vez.

Renunciar a las paredes de la soledad por el parque poblado es un sentimiento caótico que parece conquistar a los usuarios, que nos hace ser usuarios con agenda, con responsabilidades con nuevos modales digitales. Sin notarlo esto disminuye nuestra capacidad de imaginar, nos reduce a minúsculas expresiones cifradas.

Hoy quiero dejar de habitar la simpleza quiero recuperar mi casa de campo, mi valle de Lilas. Florecer en las palabras y tratar una vez llegar al otro lado.

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Tunes of the day: The Mary Onettes

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Arroz Amargo

Dos años y contando.

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Un Homie de pocas palabras

Contar no es únicamente poner la cámara y esperar que las imágenes hablen por si mismas. Aprovecharse de la tragedia natural es una  manera muy inocente, y no por eso inútil, de generar una respuesta en la audiencia. La vida loca es un trabajo que cobrará los frutos del final fatídico de su director y de la circunstancias de su rodaje. El mundo dramático que observa es los suficientemente agresivo y extraño para convencer a las mentes asombrables del público primer mundista. Las respuestas de salas serán de incredulidad, de temor ante los tatuajes, de una indignación y de un extrañamiento que llevará a fundar ONG’s para salvar a los niños desamparados de El Salvador, “un pequeño estado de Centro América” como se le llama en la prensa.  Pero las emociones producidas por el film no están en él, se encuentran en el exotisismo tercer mundista con el que será mirará, con esa fascinación por el window shopping cultural de los espectadores en salas de ocho dólares.

Poveda no explota, afortunadamente, la rareza de la situación; no utiliza el melodrama como vehículo pero tampoco crea un discurso cierto. El documental carece de una narración estable y presenta un ritmo un tanto desarticulado. De igual forma el sentido de la cinta no está desarrollado de buena manera por lo que las intenciones del director quedan un poco veladas por el peso de los acontecimientos que él cree asombrosos pero que en realidad son, desafortunadamente, actos cotidianos. Como trabajo testimonial es un excelente documento, una labor de registro intrépida y de muy alto costo pero como artefacto fílmico es un tanto débil pero no por ello se debe pasar por alto.

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Tune of the day: Godspeed You Black Emperor!

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Saturday At The Canal

I was hoping to be happy by seventeen.
School was a sharp check mark in the roll book,
An obnoxious tuba playing at noon because our team
Was going to win at night. The teachers were
Too close to dying to understand. The hallways
Stank of poor grades and unwashed hair. Thus,
A friend and I sat watching the water on Saturday,
Neither of us talking much, just warming ourselves
By hurling large rocks at the dusty ground
And feeling awful because San Francisco was a postcard
On a bedroom wall. We wanted to go there,
Hitchhike under the last migrating birds
And be with people who knew more than three chords
On a guitar. We didn’t drink or smoke,
But our hair was shoulder length, wild when
The wind picked up and the shadows of
This loneliness gripped loose dirt. By bus or car,
By the sway of train over a long bridge,
We wanted to get out. The years froze
As we sat on the bank. Our eyes followed the water,
White-tipped but dark underneath, racing out of town.

Gary Soto

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